Lecturas
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La vida de un misionero jesuita
2016

Los caminos del viento

La vida de un misionero jesuita

Francisco Borboa Valenzuela

Ediciones Navarra

México, 2016

Pp. 228

 

En 2013, Francisco Borboa Valenzuela (1923), mejor conocido como Pancho, y yo, empezamos a platicar por el correo electrónico. El pretexto, para dar comienzo al diálogo, fue que los dos habíamos sido jesuitas. Cuando me enteré de su existencia me intrigó su vida. Me puse en contacto con él y empecé a preguntarle por ella. Desde el primer momento, Pancho me impresionó por la transparencia y frescura de sus respuestas, pero también por la vitalidad de las mismas.

El material que se genera en el ir y venir de preguntas y respuestas, que se extiende por meses y se hace posible por las nuevas tecnologías, construye la narrativa de la historia de la vida de Pancho, que hasta entonces desconocía. De ese intercambio surge un primer texto, con el esbozo de su vida, que publico en El Economista (México, 2014). Él, después, motivado por ese primer resultado, decide escribir su autobiografía que ahora tenemos en las manos.

Pancho en el recuento de sus primeros 94 años de vida, de ellos 68 en Asia, en particular en China, recuerda sus días de la infancia en Los Mochis, a sus padres y a su familia, su ingreso a la Compañía de Jesús, sus años de formación, su viaje en 1948 a China, donde quiere ser misionero. El primer impacto de su llegada a Shanghái, para después viajar a Beijing. La revolución de Mao Tze Tung y el triunfo en 1949 de los comunistas, que fundan la República Socialista Popular de China.

En 1957, la ordenación sacerdotal y la tercera probación en Hirósima, Japón. En 1960 su primer destino de trabajo a Taichung, en Taiwán, donde se incorpora a la editorial de los jesuitas, Kuang Chi Press, dirigida por el padre Jean Lefeubre, S.J. Los 19 años de jesuita. Sus dudas de permanecer o continuar en Orden. La salida de la Compañía y las dificultades propia de la nueva vida. Solo se lleva tres cosas: su crucifijo, su Breviario y un par de camisetas. Tiene entonces 42 años. Vive el rechazo, pero también la solidaridad de sus compañeros.

Hay que comenzar una nueva vida. Su carta a Ana, que había conocido en Taichung, cuando era maestra en Providence College, para proponerle matrimonio. La aceptación de ésta. Su llegada a Hong Kong donde Pancho la espera. Los problemas porque no le llegan las “dimisorias” de sacerdote. En 1965, la decisión de casarse por lo civil, para que Ana obtenga su visa, pero no hacer vida de pareja hasta que llegue el documento de Roma, con el permiso de dejar el sacerdocio. Para Pancho eso es importante.

La primera casa de los dos en Hong Kong, “Borboa Inn”, que se convierte en paso obligado de todos los que en esos años salen de la Compañía de Jesús, pero también de religiosas que dejan sus congregaciones. En 1964, después de que termina el Concilio Vaticano II, empiezan grandes transformaciones en la Iglesia. Son años de deserciones continuas en las distintas congregaciones masculinas y femeninas. Ahora, el trabajo misional se entiende de otra manera.

Los primeros “trabajitos” (viñetas y pinturas) que puede vender. Los inicios de su vida como artista. Hay dos momentos que Pancho considera claves en su carrera. En 1985, una expocisión en el Hospicio Cabañas de Guadalajara, donde antes de la inauguración casi toda la obra está ya comprada. “Fue algo fantástico”, se vendieron 80 obras, recuerda.

El otro es cuando Ana y él están montando la exposición en el Cardinal Tien Catholic Hospital, de Taipéi, Taiwán. Toda dedicada a Jesús de Nazaret. Se acercan dos señoras, ven la obra y le dicen “le        compramos todo”. Son 34 pinturas en acrílico. Las dos, dice Pancho, “eran fervorosas protestantes, habían venido a visitar a la suegra de una de ellas y querían construir una iglesia dedicada a Jesús”.

En el texto da cuenta de sus exposiciones y el trabajo que le ha implicado. En 1972, en Hong Kong, tiene su primera muestra individual. Son cuadros en mosaico. A partir de entonces se suceden exposiciones de mosaicos, acuarelas y acrílicos en ciudades como Manila, Filipinas; Taipéi, Taiwán; Guadalajara, Jalisco; Ciudad de México; Bilbao, España; Madrid, España; Los Mochis, Sinaloa; Santander, España y Maco, China.

Nos habla también de su elaboración de viñetas para ilustrar textos. Entre éstas las 180, en tres series, que hizo para ilustrar los evangelios dominicales de los círculos litúrgicos del año. Y la ilustración de los hechos de los apóstoles en chino e inglés, con el tema de la primitiva Iglesia. La Providence University en Taichung le encargó las 14 estaciones del Viacrucis y las 14 estaciones de Vialucis.

Los murales, exteriores e interiores, en iglesias, seminarios, comunidades religiosas y hospitales, también en hoteles, restaurantes y universidades, son las obras más importantes de Pancho, no sólo por su dimensión, sino por la originalidad de su propuesta. Pienso que es su obra más distintiva. Tiene murales en una decena de países de Asia.

El recuento que Pancho hace de su vida, en esta autobiografía ilustrada donde también se reproducen algunas de sus obras, lo hace de manera sencilla y directa. El contenido y la forma que ha elegido para contarnos su vida revelan su manera de pensar y de ser. Da cuenta de un hombre que tiene una espiritualidad   profunda y un ser humano particularmente transparente. De un artista que ama profundamente lo que hace y todo lo que está a su alrededor. De un compañero, que ha construido con Ana, su pareja de siempre, una relación que no se entiende el uno sin el otro. De un amigo, que sabe querer y se hace querer por todos.