Museos y Expos.
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Museo del Oratorio. Ouro Preto, Brasil
DE SEPTIEMBRE DE 2015

Museo del Oratorio

Ouro Preto, Brasil

 

Está en el edificio que fue el noviciado de las religiosas del Carmen. Es una construcción sencilla de 1753-1776. Parece más una casa. Tiene tres niveles con pisos de madera. Se restauró en 1998, para albergar la colección de oratorios, son 163 con 300 imágenes, que se organiza en tres secciones:

Oratorios populares domésticos. Las familias los tenían en sus casas. Los hay para la sala y las habitaciones. La gran mayoría del siglo XIX y algunos de principios del XX. Son de mediano formato. Dos son los elementos centrales: el altar o caja, algunas con puertas, y la o las imágenes. Los altares están pintados de muy diversas maneras. La factura es la propia del arte popular; frescura e ingenuidad. El estilo es barroco y rococó recreado por artistas populares. Es la parte que más me gusto.

Oratorios de viaje. Son muy pequeños, para poderlos transportar. Los hay de faltriquera, para llevar en la bolsa del que viaja. De limosna que llevan colgados los mendigos que  solicitan ayuda. De arca que transportan los sacerdotes cuando van a los pueblos a celebrar misa. De bala por su forma de cartucho. Los colgantes que las mujeres de diversas clases sociales usaban como joya. La mayoría son del siglo XIX y hay algunos del XVIII.

Oratorios eruditos y de referencia artística. Los hay de mediano y gran formato. Estaban en las casas de las familias ricas. La mayoría son del siglo XIX y algunos del siglo XVIII. Los altares  o cajas son más elaboradas, pero sobre todo las imágenes. Son obra de artistas reconocidos. Algunos altares o nichos tienen adornos de plata y en algún caso de conchas incrustadas. En un caso la pintura se atribuye a Manuel Costa Athaide, uno de los grandes pintores religiosos de la región mineira. Es notable un oratorio del siglo XVIII en gran formato con Cristo al centro y a sus lados las imágenes de la virgen María y San José. Se destaca un oratorio bala obra de Francisco Vieira Servas.

La museografía es buena y contribuye a que las piezas luzcan. Todas están en vitrinas, para protegerlas. Las fichas técnicas son sintéticas y ofrecen información relevante, para entender mejor lo que se ve. La colección la reunió Ángela Gutiérrez. La visita vale la pena. Las piezas permiten conocer, de manera muy completa, esta particular expresión artística y también ofrece una idea de como se vivía y expresaba las creencias religiosas de esas épocas.