Una estrategia exitosa contra la violencia 21 DE FEBRERO 2018
En Coahuila durante el gobierno de Rubén Moreira Valdez (2011-2017) se aplicó una estrategia de seguridad que resultó exitosa y de la que se conoce muy poco. La gestión del gobernador provoca reacciones encontradas, hay quienes reconocen hizo una buena gestión y otros piensan lo contrario.
En independencia del juicio que se tenga sobre el conjunto de su mandato lo que es inobjetable son los resultados en el campo de la seguridad. En los seis años de gobierno redujo en 81% los homicidios dolosos y en 86% los homicidios por rivalidad delincuencial.
El éxito en Coahuila se debe a una estrategia muy bien articulada que se estructuró a partir de cinco ejes. Por interés personal he podido entrevistar a quienes fueron responsables del diseño y operación de la misma y también tenido acceso a documentos. Los ejes son:
1) Quitar la renta al crimen. Se tomó la decisión de cerrar los casinos, los giros negros, la venta de alcohol fuera de hora, los yonker, las carreras de caballos, las peleas de gallos y combatir la piratería. No hubo excepciones y la aplicación de la norma fue rigurosa. Se hizo obligatorio mostrar identificación en los hoteles, no usar vidrios polarizados y a la 1:30 de la mañana suspender el alcohol en las fiestas privadas que, por ley, debían terminar a las 2:00 de la mañana.
2) Coordinación con el gobierno federal. Se incrementó la coordinación con el Ejército, la Marina, la PGR, la PF y el Cisen. El gobernador de manera directa tuvo 180 reuniones con autoridades de estas instituciones. Siempre hubo seguimiento de acuerdos. Con dinero del estado se construyeron tres cuarteles para el Ejército y siete bases de operación en otras tantas zonas estratégicas del estado. La mayor presencia de los militares actuó como efecto disuasivo.
3) Coordinación del gobierno estatal con los municipios. El Consejo Estatal de Seguridad operó de manera sistemática. Se tuvieron 1,700 reuniones. El gobernador tuvo infinidad de reuniones con los presidentes municipales. Siempre hubo seguimiento de acuerdos.
4) Mejorar la policía. A todas las policías estatales y municipales se les hizo la prueba de control de confianza. Quien no pasó de inmediato fue dado de baja. El sueldo de los policías estatales es de 17,000 pesos mensuales. Los grupos especializados viven en cuarteles y ganan 30,000 pesos al mes. Todos participan de la carrera policial y tienen sistema de pensión, seguro de vida y vivienda. De los policías municipales, 96% tiene salario promedio de 13,000 pesos al mes y seguridad social. Se trabajó en la idea de que los policías son héroes.
5) Desarrollo económico y social. En el sexenio se crearon 172,000 nuevos empleos formales. Se abrieron ocho nuevas universidades y 36 nuevas carreras. Se crearon 235 preparatorias. Se dio un impulso decidido a la cultura, deporte y recreación. Y hubo un intenso trabajo de reformas legislativas, para abrir el espacio de los derechos humanos y apoyar a las minorías.
La situación de inseguridad que vive el país y el aumento de los homicidios dolosos en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) que sigue la estrategia que inició el presidente Felipe Calderón (2006-2012) obligan a la búsqueda de otros caminos. Lo que se ha hecho en Coahuila vale la pena analizar y discutir. Los resultados están a la vista.
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21 DE FEBRERO 2018
El gobierno del presidente Peña Nieto logró comunicarse bien los primeros meses de su gestión, cuando todavía se hacía presente la inercia de la estrategia de campaña, pero pronto, ante la complejidad de la realidad nacional, la comunicación presidencial fue incapaz de hacer propuestas y se volvío defensiva. El camino que tomaron fue encerrarse sobre sí mismos y sobreproteger al presidente.
En estos ya cinco años de gobierno (en diciembre pasado se inició el sexto) siempre se hizo presente que el presidente y su equipo nunca terminaron de entender la nueva realidad del país y tampoco a la ciudadanía que lo habita. A lo largo de estos años ha estado presente la distancia entre el gobierno y la sociedad. La presidencia nunca logró cerrar esa brecha.
Esta nueva realidad, que entre otras cosas se hace presente a través de una ciudadanía más consciente e informada, exige una comunicación gubernamental que ofrezca razones y argumentos, y que esté dispuesta al diálogo. Esto exige estar presente en los medios. El presidente y los suyos rechazaron este tipo de comunicación y se refugiaron en un modelo que ya no es efectivo, o puede serlo para una entidad como el estado de México, pero no para el país.
En estos cinco años, la estrategia de comunicación de Los Pinos ha tenido como objetivo central que no le peguen al Presidente. Por eso todo el tiempo está sobreprotegido y, por lo mismo, nunca arriesga. Sus discursos y mensajes son intrascendentes. Se construyen para que la prensa y los otros actores políticos no lo vayan a criticar. El precio a pagar es muy alto: nunca decir nada.
La comunicación del Presidente ha sido disfuncional a la modernidad y también a la democracia. No permite el intercambio ni el diálogo. El Presidente en lugar de ir al debate y hacer valer su agenda, con los mejores argumentos que pueda tener, lo rehúye y se esconde. A eso se añade que la trasparencia y la rendición de cuentas no son valores de esta administración, pero sí la opacidad.
En ese marco, la oficina de comunicación y el Presidente no supieron hacer frente a la crisis de la Casa Blanca, Iguala, Malinalco, Tlatlaya y Tanhuato, por mencionar algunas. En un principio no las reconocieron como crisis y pensaron que el tiempo iba a lograr que la gente las olvidara. No estuvo en su análisis, si es que lo hubo, que la sociedad de hoy se entera de todo y no olvida ese tipo de hechos.
Ya solo les quedan diez meses en el gobierno. El Presidente y su equipo nunca pudieron entender que en las sociedades modernas, altamente mediatizadas, como son las de ahora, la acción de comunicar se convierte en una acción estratégica del gobierno.  Comunicar es gobernar, gobernar es comunicar; son dos caras de una misma moneda.
Hoy el gobernante, el político que no entiende esta realidad no sabe ubicarse y, por lo mismo, tampoco puede establecer lo que debe de hacer con la comunicación. La valoración que la ciudadanía tiene de la acción que realiza el presidente, pero también el tipo de comunicación que ha desarrollado explican sus los bajos niveles de aprobación. Esto ha traído al Presidente y su gobierno una serie de problemas relacionados con su aceptación y credibilidad. En los hechos provoca que todo lo que emprenda sea rechazado y que él y su gobierno siempre tengan que ir cuesta arriba. El político de hoy no solo debe de ser eficiente y eficaz en su gestión sino también un buen comunicador.
El presidente y los suyos han rechazado la comunicación gubernamental, que se construye con datos y argumentos, para refugiarse en el marketing, que va a las emociones. Han invertido cantidades millonarias en gastos de publicidad, pero no les ha dado resultado. Hay muchas explicaciones de este fracaso. Una de ellas es que hoy los jóvenes no ven televisión y tampoco oyen radio.
La publicidad del gobierno en los medios electrónicos se enfrenta a otros muchos competidores. La posibilidad de que pueda fijar su mensaje por estos medios es cada vez menor. A lo largo de estos cinco años, el presidente y su equipo no han logrado entender que hoy la comunicación gubernamental, no el marketing, es la que ofrece las mayores posibilidades para fijar los temas de la agenda y llegar a la ciudadanía.
En estos años, Los Pinos, ante su incapacidad de comunicarse, todo lo ha querido resolver por la vía de los spots y el incremento de su pauta publicitaria. En la relación pereversa que se establece entre medios y poder a través del dinero. Las cantidades que se han pagado en publicidad, hasta ahora 40 mil millones de pesos, es la mayor en la historia.
Su efecto, nulo.
El equipo responsable de la comunicación en la Presidencia no ha logrado entender, ya no están en condición de hacerlo, que la agenda setting, la agenda mediática diaria, se construye entre los medios, el gobierno y la sociedad. Si el gobierno decide no salir a fijar su posición y pelar la agenda de todos los días, va a quedar fuera de su construcción y los medios y otros actores políticos y sociales sí van a estar presentes.
Buena parte de la explicación del fracaso de la comunicación del presidente es no comprender que, en las sociedades democráticas modernas, los gobiernos deben de asumir tres ideas básicas: 1) Comunicar es gobernar; 2) Todos los días debe disputar la construcción de la agenda setting; 3) Es la obligación del gobierno transparentar su acción y rendir cuentas a la sociedad. El gobierno que no lo entienda fracasa en su comunicación, pero también en su gestión.
En los meses que restan a la gestión del Presidente no hay nada que señalé habrá cambios en la estrategia de comunicación. Lo que se espera es que él y su oficina sigan haciendo lo mismo y, en razón de esto, que los resultados sean los obtenidos hasta ahora o, inluso, todavía peores.
20 DE FEBRERO 2018
La imagen del presidente Peña Nieto se mantiene a la baja y en este febrero el 79 % de los ciudadanos desaprueba su trabajo y sólo el 19 % lo aprueba, según la última encuesta de Reforma (15.02.18).
El mismo 79 % piensa que el país va por mal camino y sólo el 8 % que va por buen camino. En marzo de 2012, al inicio del gobierno, el 47 % pensaba que iba por buen camino y el 35 % por mal camino.
A estos datos se añade que el 47 % de los encuestados dice que nunca votaría por el PRI. El rechazo de los otros partidos apenas está entre el 7 y el 8 %. La diferencia es enorme.
La percepción que la ciudadanía tiene del trabajo del presidente, de la situación que se vive en el país y del partido en el gobierno generan una imagen muy negativa de la presente administración.
A nivel mundial hay muchos estudios que demuestran que si un presidente está mal valorado necesariamente afecta la visión que se tiene del candidato de su partido.
Todas las encuestas que se reconocen como serias ubican a José Antonio Meade, el candidato del PRI, en tercer lugar. De acuerdo a las mismas la diferencia entre el primero y el tercero van de los 8 a los 20 puntos porcentuales.
Un elemento, no el único, que explica los bajos niveles de aceptación de Meade es precisamente la mala valoración que la ciudadanía tiene del presidente.
Otro elemento, que se añade al anterior, es que el 80% de los ciudadanos tienen una mala imagen del PRI. Ese partido provoca el rechazo generalizado de la sociedad.
Es muy difícil, prácticamente imposible, que el candidato del PRI puede superar el lastre que le significa la mala imagen del presidente y la del partido que lo postula.
Faltan todavía cuatro meses y medio para la elección, pero en el horizonte no se ve nada que pueda provocar que cambie la imagen del presidente y tampoco la de su partido.
 
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19 DE FEBRERO 2018
En la recta final de su gobierno, el presidente Peña Nieto ha intensificado su discurso de reclamo porque la sociedad no reconoce los logros de su gobierno. El tono es de desesperación. Faltan ya nueve meses para que termine su mandato y la ciudadanía, a lo largo de estos años, nunca ha valorado de manera positiva su gestión.
El presidente piensa que en su administración se han obtenido “grandes avances” y “demanda, de manera acomedida, el que haya memoria entre nuestra población, entre nuestra sociedad, y sepamos también reconocer los avances de logros y beneficios que en el tiempo se han ido obteniendo”.
Y sostiene que “hay que pensar bien las cosas y tener memoria de dónde nos encontrábamos hace seis años y cuánto hemos avanzado hasta ahora”. Asume, por otro lado, que se debe ser autocrítico y también “reconocer en dónde todavía tenemos rezagos y dónde nos falta avanzar de manera más importante”.
Los avances, dice, se han dado gracias a la dinámica económica y de inversión que se vive en el país “que pasan desapercibidas para muchos”. Afirma que, a pesar de todo, las cifras le dan la razón.
El presidente considera que su gobierno no ha sabido “comunicar y compartir con la sociedad estos avances”, para que se puedan asimilar los logros y también para que “se pueda desterrar lo que algunos llaman este irracional enojo social”.
Ya son semanas que el presidente sostiene este tono de reclamo y desesperación en sus intervenciones. Su mensaje no provoca ninguna reacción positiva. Nadie va a cambiar su posición por lo que diga o deje de decir el presidente acerca de los resultados de su mandato.
En el supuesto de que haya grandes logros, el presidente ha estado ausente de la discusión en los medios. No concede entrevistas y no disputa la agenda mediática. Sólo los spots de radio y televisión no posicionan las buenas acciones del gobierno. Para eso se requiere intervenir todos los días en la construcción de la agenda setting.
A lo anterior, que hace relación a una fallida estrategia de comunicación, existe un problema mucho más grave y es que la mayoría de la sociedad mexicana piensa, desde el caso de la Casa Blanca, que el gobierno del presidente Peña Nieto es corrupto. Ésa es la percepción de la sociedad. Toda acción del gobierno pasa por ese filtro.
En otra época, se aceptaba que todos los gobernantes eran corruptos, no había de otra y lo que se les pedía era ofrecer buenos resultados. Eso ya cambió. Ahora la sociedad no está dispuesta a reconocer las buenas acciones del gobierno si piensa que es corrupto. Ése es el drama del presidente Peña Nieto.
14 DE FEBRERO 2018
Se da por hecho que los mexicanos tienen una valoración muy baja de las instituciones y por lo mismo también una gran desconfianza. Las más de las veces se afirma eso sin tener ningún dato que dimensione esa visión. Algunas casas encuestadoras publican con cierta regularidad estudios sobre la percepción que la ciudadanía tiene sobre ese tema.  / El último es de Consulta Mitofsky (El Economista 2.2.18) y en el 2017, de acuerdo al mismo, la calificación promedio de las 17 instituciones contempladas es de 5.9, que es baja. En el 2016 el resultado fue el mismo, pero en el 2009 llegó al 7.0, que es alto, y a partir de ahí ha caído de manera lenta.      
En el 2017 las tres instituciones mejor calificadas son: universidades con 7.4; Iglesia con 7.1 y Ejército con 7.0. La valoración de las tres es alta, son las únicas en esa categoría, y en su valoración crecen de manera marginal con relación al 2016.
A estas le siguen la CNDH con 6.7 de calificación; los medios de comunicación con 6.5; las estaciones de radio con 6.5; los empresarios con 6.4 y el INE con 6.2. Estas cinco instituciones están en categoría media y se mantienen básicamente igual que el año anterior.
Luego vienen los bancos con 5.9 de calificación; las cadenas de televisión con 5.7; la SCJN con 5.6 y los senadores con 5.0. Las cuatro instituciones están en categoría baja y obtienen una valoración del mismo nivel que en el 2016.
Las siguientes son Presidencia con una calificación de 4.9; policía con 4.8; diputados con 4.8; sindicatos con 4.6, y partidos políticos con 4.4. Las cinco instituciones están en la categoría baja y todas caen de manera marginal con respecto al año anterior.
Un primer dato de esta encuesta es que no hay grandes diferencias con años pasados. Universidades, Iglesia y Ejército están siempre entre las tres instituciones mejor valoradas. Y esto en independencia del desgaste del Ejército en la guerra contra el narco y de los casos de pederastia en la Iglesia.
La CNDH (6.7) ocupa el cuarto lugar en confianza, que es una categoría media, pero la SCJN (5.7) está en una valoración baja. Los medios de comunicación (6.5) y las estaciones de radio (6.5) están en una categoría media y las cadenas de televisión (5.7) en una baja.
En un año electoral no deja de ser un dato relevante que los partidos políticos (4.4) sean la institución más mal calificada y muy cerca de ella Presidencia (4.9), diputados (4.8) y senadores (5.0). Todas en una valoración baja. El INE (6.2), quien es el responsable del proceso electoral, está en una valoración media.
Estos números dan una idea más clara, son un referente del cuál partir, sobre cuál es la calificación que ahora la ciudadanía otorga al desempeño de las instituciones y el grado de confianza que tiene en las mismas.
13 DE FEBRERO 2018
En Estados Unidos son asesinadas al año con armas de fuego 33,800 personas en un país que tiene 320 millones de habitantes. Así el índice es de 35.5 homicidios por millón de habitantes contra 4.9 en Canadá y 0.93 en la Gran Bretaña.
El número anual de los asesinatos equivale a un promedio de 93 por día y 222 personas sobreviven después de quedar heridas por un disparo. El número de armas en poder de los civiles suman 310 millones, lo que representa que de cada diez ciudadanos nueve están armados.
La abundancia de armas en poder de los ciudadanos genera niveles de violencia en Estados Unidos muy superiores a las de otros países desarrollados. Entre 2009 y 2016 se produjeron 156 tiroteos masivos, que se reconocen como tal cuando en un evento mueren más de cuatro personas.
En esos ataques fueron asesinadas 848 personas. Eso significa que cada año hay 22 tiroteos masivos en los que son asesinados 121 ciudadanos. Del total de los asesinatos el 54 % está relacionado con la violencia intrafamiliar.
El 63 % de estos asesinatos se da en la vivienda particular y en el 42 % de los casos el atacante tenía antecedentes de persona peligrosa. El 34 % de quienes dispararon no podían portar armas. Es evidente que los controles no funcionan.
Los altos niveles de violencia y las matanzas en Estados Unidos no provocan reacción alguna en los políticos, sobre todo de los republicanos, y tampoco del presidente Trump.  Cuando pronuncia su discurso se encamina a minimizar el problema.
En el Congreso de Estados Unidos, los lobbies armamentistas que defienden la industria de las armas tienen un gran poder. Pregonan como un principio sagrado de la libertad individual, el poseer las armas que se quiera.
Las batallas de las organizaciones ciudadanas y de los políticos que luchan por prohibir la compra indiscriminada de rifles de asalto siempre fracasan. La industria de las armas hace valer su poder.
Nada hay en el horizonte que permita pensar que esta situación va a cambiar. La sociedad estadounidense se acostumbró ya a esos niveles de asesinatos y matanzas que forman parte de su realidad cotidiana.
12 DE FEBRERO 2018
Hoy inicia la intercampaña que termina el 30 de marzo, cuando va a dar comienzo la contienda oficial por la Presidencia de la República. En estos próximos 45 días los candidatos no podrán estar en los spots de radio y televisión, aunque sí los partidos, y tampoco hacer eventos para pedir de manera abierta el voto.
Las encuestas que se han publicado en febrero, también otras que no se van a dar a conocer, establecen, como sucedió en el mes anterior, que el primer lugar lo ocupa Andrés Manuel López Obrador, el segundo Ricardo Anaya y el tercero José Antonio Meade.
La diferencia en el resultado de una y otra de estas encuestas es menor. Todas coinciden. La preferencia bruta, sin repartir a los electores que no responden o todavía están indecisos, rondan en 29% de los votos para López Obrador, 24% a Anaya y 20% a Meade. Margarita Zavala obtiene 5%, Jaime Rodríguez 3% y Armando Ríos Piter 1 por ciento.
En la preferencia efectiva, cuando las encuestadoras hacen el ejercicio de asignar la intención de voto de los indecisos, los números rondan en 36% de los votos para López Obrador, 29% para Anaya, 25% para Meade. Margarita Zavala sube a 6%, Jaime Rodríguez a 4% y Armando Ríos Piter a 1.2 por ciento.
La diferencia es más corta en la preferencia bruta que es de 5% entre el primero y el segundo y de 9% entre el primero y el tercero. Entre el segundo y el tercero es de 4 por ciento. La diferencia crece en la preferencia efectiva que es de 7% entre el primero y el segundo, y de 11% entre el primero y el tercero. Entre el segundo y el tercero es 4 por ciento.
López Obrador lleva la ventaja pero a estas alturas, todavía faltan 135 días para la elección, no se puede afirmar que ese resultado sea ya definitivo. Hay hechos que van a modificar los actuales números. Uno muy evidente es la incorporación de los tres candidatos independientes al proceso. ¿A quién le van a quitar votos?
Va también a influir el tipo de campaña que cada candidato realice ya en la etapa oficial que se espera sea distinta a la que han desarrollado hasta ahora. En esta ocasión, más que en otras, el desenlace de los tres debates, que van a tener un nuevo formato y mucha cobertura, pueden influir en la posición del electorado.
Como en las tres últimas elecciones presidenciales el escenario apunta, pero no es algo definitivo, a que en la recta final, poco antes del último mes, quien está en segundo lugar pueda hacerse del voto útil de quienes ven que su candidato ya no tiene ninguna posibilidad, por estar en tercero o cuarto lugar, y deben decidir si hacen efectivo o no su voto.
En las próximas semanas va a quedar más claro si la actual diferencia entre el segundo y el tercer lugar, entre Anaya y Meade, se abre o cierra. De eso depende quién es el que en la recta final se enfrente a López Obrador, que parece haber ya llegado a su tope más alto en la intención del voto. Todavía hay mucho por ver.
07 DE FEBRERO 2018
En el 2017, la economía de Venezuela tuvo una contracción de 14.0% y si se suma a la de los tres años anteriores la caída del PIB es de 35.0 por ciento. En el 2018 se espera que sea de 15.0% y en cinco años disminuya en 50.0%, según la firma venezolana Ecoanalítica.
Los especialistas internacionales asumen que se trata de una de las más dramáticas reducciones de una economía en los últimos 50 años en América Latina. Y añaden que esto resulta todavía más extraño ante la enorme riqueza petrolera de ese país.
La inflación en el 2017 fue de 2,700% y se calcula que en el 2018 sea de 13,000 por ciento. Los expertos señalan que el hundimiento de la economía no se explica por la caída de la producción y los precios del petróleo que se ha dado, sino por el disfuncional modelo económico que impulsa el régimen de la revolución bolivariana.
A finales del año pasado, la extracción diaria de petróleo era de 1.86 barriles que implica una reducción de 300,000 barriles con relación al año pasado, de acuerdo con datos de la OPEP. El precio de barril venezolano ronda en los 60 dólares, lo que es bueno en las actuales circunstancias.
El panorama cambiario se rige por los muy altos niveles de corrupción de parte de los altos cargos del gobierno y el Ejército. La tasa oficial es de 10 bolívares por dólar, pero el precio del dólar negro, que alimenta todos los circuitos económicos, ronda en los 120,000 bolívares.
Expertos estiman que, en los años de la revolución chavista, la nueva burguesía bolivariana, los allegados a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, han robado a las arcas públicas, a través del cambio del dólar, más de 200,000 millones de dólares. ¿En qué paraísos fiscales está ese dinero?
El gobierno a través del Ejército controla todas las exportaciones y los puertos de entrada de las mercancías al país. Esto se ha prestado a una corrupción galopante de la que se benefician los altos cargos militares y los funcionarios civiles. En estos cinco últimos años el índice de desabastecimiento es de 50.0 por ciento.
Lo que queda del sector privado vive constreñido y bajo permanente presión del gobierno que interviene constante y erróneamente en la actividad económica que incluye, entre otras cosas, realizar confiscaciones, para supuestamente bajar los precios, pero siempre sin éxito alguno.
El resultado inmediato del desastre económico son las muy graves consecuencias económicas que resultan muy evidentes y que desde ya se traducen en falta de alimentos, en desabasto de medicinas, en el regreso de enfermedades que hace décadas habían sido superadas y en un recrudecimiento de la violencia.
Los expertos consideran que a pesar de la dramática caída del PIB, es posible que con un programa económico sensato, alejado del dogmatismo bolivariano, en menos de dos años, algunos hablan de meses, se lograría reencauzar la economía y resolver los problemas sociales más urgentes. Urge que eso ocurra. El actual gobierno es incapaz de hacerlo.
06 DE FEBRERO 2018
En 2017 de las exposiciones que vi en México (Ciudad de México, Puebla, Mazatlán y Mérida) las veinte que menciono son las que me parecieron mejores. Fue un año con muchas buenas muestras en los museos públicos y privados del país. Me perdí de algunas que hubiera querido ver. El orden de la presentación sigue el tiempo en que las pude visitar.
 
El arte de las naciones: El barroco como arte global
Museo Internacional del Barroco (MIB)
Puebla, Puebla
 
Linda Benglis: Cuerpos, materia y alma
Museo Internacional del Barroco (MIB)
Puebla, Puebla
 
Mario Pani
Arquitectura en proceso
Museo Amparo
Puebla, Puebla
 
Silvia Gruner
Hemisferios: Apuntes para un laberinto
Museo Amparo
Puebla, Puebla
 
Sigmar Polke
Música de origen desconocido  
Museo Amparo
Puebla, Puebla
 
Arnaldo Coen
Tiempos Simultáneos
Senado de la República
Ciudad de México 
 
Jean Arp
Museo de Arte Moderno
Ciudad de México 
 
Analogías escultóricas
Colección del MAM
Museo de Arte Moderno
Ciudad de México 
 
Monstruosismos
Museo de Arte Moderno (MAM)
Ciudad de México
 
La colección:
Escenarios de Identidad Mexicana
Museo de Arte Moderno
Ciudad de México
 
Pinta la Revolución
Arte Moderno Mexicano 1910-1950
Palacio de las Bellas Artes
Cuidad de México
 
Exposición colectiva
Revisión de la colección ISIC-MASIN
Museo de Arte
Mazatlán, Sinaloa
 
Jorge Marín
Raíces
Casa de Cultura Citibanamex – Museo Casa Montejo
Mérida, Yucatán
 
Picasso y Rivera:
Conversaciones a través del tiempo
Palacio de las Bella Artes
Ciudad de México
 
Leo Matiz
El muralista de la lente
Siqueiros en perspectiva
Palacio de las Bella Artes
Ciudad de México
 
Pintado en México, 1700-1790: Pinxit Mexici
Palacio de Cultura Citibanamex – Palacio de Iturbide
Ciudad de México
 
World Press Photo 2017
Museo Franz Mayer
Ciudad de México
 
Mayas. El lenguaje de la belleza. Miradas cruzadas.
Museo Nacional de Antropología
Ciudad de México
 
Roberto Montenegro
Expresión de las Arte Popular Mexicano
Palacio de Bellas Artes
Ciudad de México
 
Rojo Mexicano 
La grana cochinilla en el arte
Palacio de Bellas Artes
Ciudad de México
W Radio
20/02/2018
En Buena Onda con Paulina Greenham
Net Noticias
21/02/2018
Diplomado
Caricaturas