Efectos del debate 25 DE ABRIL 2018
Las empresas Votia y Demotecnia, conocidas en el medio, realizaron encuestas poco después de que terminó el debate del pasado domingo. En la primera, 20% y en la segunda 16% de los entrevistados, que lo siguieron por televisión, dicen que cambiaron la intención de su voto.
Ninguna de las dos empresas precisa cuál es la nueva opción electoral de los encuestados. Esos números son muy relevantes y pueden cambiar el sitio que hoy los candidatos ocupan en las encuestas.
La gran mayoría de los sondeos y encuestas dan como ganador del debate a Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC) y en segundo lugar queda Andrés Manuel López Obrador (Morena-PT-PES). Los otros tres candidatos están muy abajo.
En el caso de las encuestas que comentamos, la primera otorga la victoria a López Obrador con 32% seguido de Anaya con 28 por ciento. Es empate técnico. Y la segunda a Anaya con 32% seguido de López Obrador con 23 por ciento. La distancia es de nueve puntos.
Se puede proponer la hipótesis, hay que probarla, de que si Anaya gana, según la mayoría de las encuestas, los que han decidido cambiar su voto lo harán a su favor. Lo que pueda realmente ocurrir se podrá ver en las próximas encuestas electorales.
Ahora, la gran mayoría de las que miden la preferencia efectiva, que distribuyen a los indecisos, dan a López Obrador 40% y a Anaya 30 por ciento. Una diferencia de 10 puntos. De las encuestas publicadas en abril, sólo Reforma otorga una distancia de 22 puntos a favor del primero.
Si todos los que decidieron cambiar su preferencia electoral optan por Anaya, éste remontaría los números que ahora trae y lo volverían muy competitivo e incluso podría pasar a ocupar el primer lugar en las preferencias electorales de todas las encuestas.
Existe también la posibilidad de que esos votos vayan a López Obrador o a algún otro de los candidatos. Eso va a depender de la valoración que hicieron los que vieron el debate de cada uno de los candidatos.
Lo que ahora se puede decir con certeza, a partir del dato que arrojan estas encuestas, es que en términos porcentuales hay un grupo, entre 16 y 20% de los electores, que vio el debate, que cambió su intención de voto.
En principio, se puede decir también con cierto nivel de certeza, esos números necesariamente van a modificar las próximas mediciones sobre la intención del voto. Queda por ver en qué porcentaje.
Los dos estudios registran que entre 56 y 58% de los encuestados vio el debate. Es un número muy alto, que coincide con otras encuestas. El INE asegura que fueron 11.4 millones los que lo vieron por la televisión y se dice que 9 millones lo hicieron en las redes. Así, el total de la audiencia fue de 20.4 millones.
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24 DE ABRIL 2018
La empresa encuestadora Votia, que normalmente no publica sus resultados, realizó una encuesta telefónica, en líneas fijas, dos horas después de terminar el debate. La muestra es de 870 llamadas y el índice de confiabilidad del 95% y 5.0% el de error.
Es una muestra nacional cuyo universo total estuvo constituido por 55% de mujeres y 45% de hombres. El 46% de los casos son llamadas a población de 45 o más años, el 25% entre 36 a 45 años, el 15% entre 26 y 35 años y el 14% entre 18 y 25 años.
Desde hace años conozco el trabajo de Votia, que pienso es serio y metodológicamente bien planteado. Es una primera valoración de otras que se van a publicar en estos días. Vale la pena considerar todas y uno mismo sacar sus propias conclusiones. La encuesta contempla cinco preguntas:
 
1) ¿Usted pudo ver el debate?
El 57% de los entrevistados dijo que sí lo vio y el 43% que no. El 60% de las mujeres lo vieron y el 53% de los hombres. De la respuesta se obtiene que el porcentaje que lo vio es alto.
 
2) Después de haber visto el debate, ¿cambió su opinión sobre por quién va a votar?
El 80% dice que no y el 20% que sí. El 86% de los hombres asegura que no cambia su opinión y el 74% de las mujeres. De la respuesta se obtiene que un porcentaje considerable sí cambió de opinión. Eso debe de impactar el resultado de las próximas encuestas electorales.
 
3) Para usted, ¿quién ganó el debate?
El 32% dice que López Obrador, el 28% Anaya, el 11% Zavala, el 10% Rodríguez y el 9% Meade. El 40% de los hombres piensa ganó Anaya y sólo el 18% de las mujeres. El 36% de las mujeres piensa ganó López Obrador y solo el 25% de los hombres.
 
4) Si hoy tuviera que decidir por quién votar para elegir presidente de la República, ¿por cuál candidato votaría? (Preferencia bruta, sin asignar a los indecisos)
El 32% por López Obrador, el 22% Anaya, el 14% Meade, el 6% Zavala y el 5% Rodríguez. El 39% de las mujeres y el 25% de los hombres votan López Obrador. El 29% de los hombres y el 15% de las mujeres votan Anaya.
 
5) Si hoy tuviera que decidir por quién votar para elegir presidente de la República ¿por cuál candidato votaría? (Preferencia efectiva, se asigna a los indecisos)
El 42% por López Obrador, el 29% Anaya, el 18% Meade, el 6% Zavala y el 5% Rodríguez. El 50% de las mujeres y el 33% de los hombres votan López Obrador. El 39% de los hombres y el 19% de las mujeres votan Anaya.
 
De esta encuesta se pueden derivar conclusiones diversas y dos me parecen las más relevantes: 1) La elección ya sólo es entre López Obrador y Anaya; 2) El 20% de los electores cambió su decisión de por quién votar. Ambas cambian el escenario electoral de las próximas semanas.
 
23 DE ABRIL 2018
El de ayer fue el séptimo debate de la historia de México. El primero se celebró en 1994, el segundo en el 2000, el tercero y cuarto en el 2006, el quinto y sexto en el 2012 y en el 2018 habrá otros dos más, que van a ser el octavo y el noveno.
A propósito del debate del domingo pasado, quiero recordar y hacer un homenaje a Adolfo Aguilar Zínser (1949-2005) que murió de manera absurda en un accidente carretero en Tepoztlán, Morelos. Tenía apenas 55 años. Era un hombre inteligente, brillante y de un profundo humor negro.
En el debate presidencial de 1994, participaron los candidatos que encabezaban las encuestas: Ernesto Zedillo (PRI), Diego Fernández de Cevallos (PAN) y Cuauhtémoc Cárdenas (PRD). En esa ocasión, Adolfo y yo preparamos al ingeniero.
Los dos éramos parte del equipo de campaña de Cárdenas, que coordinaba Jesús Ortega. Adolfo era el portavoz de la campaña y yo el responsable de comunicación junto con Andrea Dabrowski y Fritz Glockner.
En México, no había ninguna experiencia en ese tipo de eventos y los dos leímos sobre los debates en Estados Unidos y vimos videos de los mismos, para diseñar la estrategia y tener elementos para proponer a nuestro candidato.
En los dos o tres entrenamientos que hicimos con cámaras de televisión, Adolfo hacía el papel de Zedillo y yo el de Fernández de Cevallos. Recuerdo esos momentos con emoción y como una gran experiencia.
Ese primer debate se celebró el 12 de mayo de 1994 en el Museo Tecnológico de la CFE en la Ciudad de México. En ese mismo lugar, se instaló un espacio para que estuvieran los familiares y los equipos de campaña de cada candidato. Recuerdo que uno de los asesores de Fernández de Cevallos era Bernardo Ávalos.
El debate se transmitió en el horario estelar de la televisión. El rating fue de 35 puntos que equivale a 34 millones de televidentes. Es hasta ahora el más visto. El más cercano ha sido el segundo debate del 2012 con 23.5 puntos de rating.
Después del primer debate, los televidentes y los analistas coincidieron en que el triunfador, con gran ventaja, había sido Fernández de Cevallos. A partir de ese evento se le daba como ganador de la elección. Al final fue Zedillo.
El formato de aquel debate fue rígido y poco atractivo. La moderadora, Mayté Noriega, sólo se limitó a dar la palabra a cada candidato. Éstos usaron el tiempo asignado para criticar a sus adversarios o hacer sus propuestas.
Al día siguiente del debate, conscientes de que no había sido bueno para nosotros, nos trasladamos a San Cristóbal de las Casas, al otro día el ingeniero Cárdenas se reunió con el comandante Marcos en la zona zapatista.
Cuando se recuerda la vida de Adolfo, está pendiente su biografía, no deja de sorprender. Académico, escritor, articulista, diputado, senador, representante de México ante Naciones Unidas y en el Consejo de Seguridad de la ONU.
En la campaña de Vicente Fox fue, junto con Jorge Castañeda, clave en la promoción del voto útil que llevó al candidato panista a la Presidencia de la República. Si estuviera vivo, estoy seguro que estaría en el equipo de campaña de la coalición PAN-PRD-MC. Se le extraña.
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18 DE ABRIL 2018
Hoy 18 de abril, los asambleístas eligen a los miembros del Consejo de Estado en Cuba. Es condición para ocupar la Presidencia ser miembro de esa estructura del poder político. Uno de ellos será el próximo presidente.
El pasado 11 de marzo, en su peculiar sistema de votación, casi 7 millones de cubanos, de un padrón de 8 millones, eligieron a los 605 integrantes de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
El hijo primogénito de Raúl Castro (86), el coronel Alejandro Castro Espín, jefe de la Inteligencia y la Contrainteligencia cubana, no quedó en esa estructura. Antes de la integración de la misma se le pensaba como uno de los posibles sucesores de su padre.
Desde el triunfo de la Revolución, en enero de 1959, hasta este 19 de abril, casi 60 años, la presidencia sólo la han ejercido Fidel Castro (1959-2008) y luego su hermano Raúl (2008-2018). Mañana otro será el presidente.
El vicepresidente primero del actual Consejo de Estado, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez (57), quien ocupa ese cargo desde el 2013, se ve como el evidente sucesor del actual presidente. En el 2009 asumió el cargo de ministro de Educación Superior y en el 2012 el de vicepresidente del Consejo de Ministros.
Es ingeniero en electrónica y se incorporó por algunos años al Ejército, pero después ingresó como profesor al mundo de la universidad. Desde muy joven ocupó altas responsabilidades en el Partido Comunista de Cuba.
Se le ve como cabeza de una generación de dirigentes, a los cuales no les tocó participar en la Revolución, que se han distinguido por su capacidad de gestión, lealtad y también obediencia a los Castro.
Los cubanólogos coinciden en señalar que habrá algunas novedades en la gestión del proyecto, pero ningún cambio de fondo. Se habla de modificaciones en el sistema político y también de transformaciones menores en la economía.
El nuevo presidente asume el cargo en medio de una coyuntura adversa por la crisis venezolana que a Cuba le ha reducido a la mitad la entrega de petróleo subvencionado, la caída de la entrada de divisas por los servicios que antes se le vendían a Venezuela y las tensas relaciones con el presidente Trump.
Ahora, por ley en Cuba sólo se puede gobernar dos mandatos, cada uno de cinco años, para sumar 10 años, pero no más. En ese caso Díaz-Canel podría estar en la presidencia del 2018 al 2028. De ser el caso dejaría el cargo a los 67 años.
Hasta el 2021, Raúl Castro seguirá siendo el primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Desde ahí va a vigilar la gestión del nuevo presidente. Su presencia es clave para resolver tensiones y garantizar una transferencia del mando de manera ordenada.
17 DE ABRIL 2018
En la lista nominal de 89 millones de electores, la tercera parte -26 millones- tienen entre 18 y 29 años de edad. De éstos, 14 millones van a votar por primera vez, según datos del INE.
Los tramos de edad con el mayor número de votantes de la lista nominal se ubica entre los 20 y 24 años y los 25 y los 29 años. En total suman 21 millones 953,603.
El 17 % de la lista nominal se integra por votantes entre los 18 y 24 años. Se distribuyen así: 2 millones 78,910 tienen 18 años; 2 millones 57,346 tienen 19 años; 11 millones 31,197 tienen entre 20 y 24 años.
Los que tienen entre los 25 y 29 años, el 12.29 % de la lista nominal, suman 10 millones 922,406. Y el total del grupo entre los 18 y 29 años 26 millones 89,859, el 29.35 %.
El grupo de los 30 a 34 años suman 10 millones; el de los 35 a 39 años poco menos de 10 millones y el de los 40 a 44 poco más de 9 millones. El total del grupo entre los 30 y 44 años suma 28 millones 500,000 un poco más de la tercera parte de la lista nominal.
La otra tercera parte es el grupo que va de los 45 a más de 65 años. El tramo de 45 a 49 años son 8 millones; el de 50 a 54 años cerca de 7 millones; el de 55 a 59 años casi 6 millones; el de 60 a 64 años poco más de 4 millones y el de más de 65 años suma 10 millones de los que integran la lista nominal.
Los electores de 40 a más años son los que votan más y los que tienen de esa edad hacia abajo los que menos ejercen su derecho al sufragio.
La diferencia en esta elección la pueden hacer los jóvenes entre los 18 y 29 años si se deciden ir a votar. Son poco más de 26 millones y de ellos 14 millones votan por primera vez. Este sector lo disputan los candidatos López Obrador y Anaya.
 
16 DE ABRIL 2018
Al arranque de la tercera semana de la contienda electoral por la Presidencia de la República sólo dos de los cinco candidatos que participan en la contienda están en condiciones de ganar, según los datos de todas las encuestas, que se pueden considerar son tal cosa.
Es el caso de Andrés Manuel López Obrador (Morena-PT-PES), que en todos los sondeos va a la cabeza, y Ricardo Anaya Cortés (PAN-PRD-MC), que en todos va en segundo lugar. Ahora, la diferencia entre los dos es de 10 puntos porcentuales.
El primero trae 40% en la intención del voto y el segundo, 30 por ciento. Quien ostenta el tercer lugar, y ya está fuera de la contienda, es José Antonio Meade (PRI-Panal-PVEM) que sólo tiene 20 por ciento. La candidata independiente Margarita Zavala alcanza 5% y el también independiente Jaime Rodríguez todavía menos.
Más de 80% de la ciudadanía quiere un cambio. Es el mismo porcentaje de la población que rechaza al PRI y la gestión del presidente Peña Nieto. López Obrador y Anaya se presentan como los candidatos del cambio. Ahora los dos tienen posibilidades de ganar.
La propuesta de cambio que ofrece López Obrador es la del PRI del “nacionalismo revolucionario” de las décadas de los 60 y 70. La de los gobiernos de Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982), de triste memoria. Implica un salto al pasado de más de 40 años.
Dos de las características más notables de ese modelo son el presidencialismo exacerbado, el presidente decide todo a su antojo, y el estatismo, el gobierno desconoce a los otros actores que construyen el Estado (mercado y sociedad civil) e interviene en todos los campos de la vida social. La historia registra el fracaso del modelo.
El proyecto de cambio que propone Anaya es nuevo y distinto al de su adversario. En lo político representa un cambio de régimen y por primera vez en la historia del país habría un gobierno de coalición, que exige el cogobierno. Buenos ejemplos son Chile y Alemania.
Plantea que el gobierno junto con el mercado y la sociedad civil construyen el Estado. Que es una responsabilidad compartida donde cada quien tiene su lugar. La conquista del futuro no es tarea sólo del gobierno y menos de un solo hombre. Es una acción colectiva.
Asume también la necesidad de modernizar el conjunto de la vida del país que implica, entre otras cosas, impulsar la economía del conocimiento, otorgar el Ingreso Básico Universal (IBU), garantizar una fiscalía autónoma, impulsar el Sistema Nacional Anticorrupción, fortalecer el conjunto de las instituciones del Estado y promover una agresiva política a favor de las mujeres.
El 1 de julio, los electores que quieran hacer efectivo su voto e impedir que otros decidan por ellos sólo tienen la posibilidad de votar por López Obrador o Anaya. Ahora, lo que está por verse es si en los próximos 80 días el candidato de la coalición Por México al Frente es capaz de restar la ventaja que le lleva el candidato de Juntos Haremos Historia.
11 DE ABRIL 2018
Los primeros spots de los candidatos a la Presidencia de la República revelan su estrategia al arranque de las campañas. Todos son de 30 segundos. Detrás de ellos hay semanas de estudios, encuestas, grupos de enfoque y discusiones, para finalmente decidirse por el que se piensa es mejor.
En los 90 días de la campaña van a estar al aire 29 millones de spots de radio y televisión que son a los que tienen derecho los partidos, la candidata independiente y el INE. La gran mayoría de ellos va a tener la imagen y los mensajes de los candidatos.
De los spots al aire, en la primera semana de la campaña, los candidatos y sus equipos decidieron cuál es el que debería tener la mayor pauta en radio y televisión. Ése es el que muestra con mayor claridad cuál es la estrategia de campaña.
El de Andrés Manuel López Obrador (Morena-PT-PES), que ahora encabeza la preferencia electoral, da por hecho que ya ganó la Presidencia e invita a votar por los candidatos a diputados y senadores, para poder tener la mayoría en el Congreso.
Se quiere posicionar la idea de que la elección está decidida y que no hay más opción que votar por él. Y para poder hacer lo que promete se le debe otorgar la mayoría en el Congreso. La estrategia es arriesgada. De un lado se puede desactivar la participación y, de otro, es muy prematuro pedir el voto.
El de Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC), que va en segundo lugar, plantea que el PRI ya se va y que sólo existen dos posibilidades del cambio que reclama la sociedad. La de López Obrador que mira al pasado y la que él ofrece con visión moderna y de futuro.
Más de 80% de los mexicanos reclama un cambio en la manera de conducir el país. El mensaje de Anaya tiene sentido. Ya ha logrado posicionar la idea de que es joven, moderno, capaz e inteligente. Ahora, en eso debe insistir, debe convencer al electorado de que representa el cambio que busca.
El de José Antonio Meade (PRI-PVEM-Panal), que va en tercer lugar, se centra en decir que él es una persona honrada y un funcionario con experiencia. El PRI, al que rechaza 80% de la población, no está presente. Hay un esfuerzo por separar al candidato del partido.
La decisión de posicionar la vida del candidato con los atributos que propone el spot es buena. El PRI sólo concita rechazo. Está por ver si realmente se logra evitar la asociación del candidato con el partido. No es fácil. El éxito de la campaña depende de eso.
El de Margarita Zavala, la candidata independiente, habla de la seguridad. Hace un reconocimiento al Ejército y a la Marina en la lucha contra el crimen organizado. Ella se propone como garante de la seguridad que la sociedad demanda.
La propuesta es arriesgada e incluso equivocada. La ciudadanía identifica al sexenio de Felipe Calderón, su pareja, con la violencia y el asesinato de 100,000 mexicanos. Se ve como una política pública que fracasó. Es un tema que no le da y sí le resta.
09 DE ABRIL 2018
El próximo 1 de julio habrá cuatro posibilidades para votar: la alianza Morena-PT-PES con Andrés Manuel López Obrador; la coalición PAN-PRD-MC con Ricardo Anaya, la alianza PRI-PVEM-Panal con José Antonio Meade y la candidata independiente Margarita Zavala.
La alianza Morena-PT-PES es el viejo PRI de los años 60 y 70. Es el PRI del nacionalismo revolucionario, la ideología que en ese entonces enarbolaba y ahora es la bandera de Morena y su líder, López Obrador, que 14 años de su vida fue un priista distinguido en su natal Tabasco que, entre otros cargos, incluyó ser presidente de su partido en el estado.
El nacionalismo revolucionario de Morena, semejante al del presidente Luis Echeverría (1968-1974), ha mutado en una versión conservadora que asume posturas de iglesias evangélicas reaccionarias. El PES, primer partido evangélico del país, va en alianza con Morena que se dice de izquierda, pero sus posturas son las del PRI de los años 60 y 70.
La coalición PAN-PRD-MC es, como diría Roger Bartra, la alternativa que ahora sostiene posiciones liberales, democráticas y reformistas. La construcción de la coalición es algo nuevo en la política mexicana y abre un real espacio, en caso de ganar, para un cambio en el sistema político que ya urge en el país.
El PAN, el de Anaya, no es el doctrinario del pasado, el grupo que ahora tiene el liderazgo es cercano a las posiciones progresistas de los demócratas cristianos alemanes de Angela Merkel. Por eso pudo construir la coalición con el PRD, que todavía conserva algunos destellos de la izquierda moderna y el MC con un proyecto social cada vez más cercano a las orientaciones de la socialdemocracia europea.
La alianza PRI-PVEM-Panal es la del PRI de siempre que lleva a Meade como candidato, un funcionario público de larga trayectoria, que no es militante. Es el partido de los dirigentes formados en las universidades de Estados Unidos. Es también el PRI de la corrupción, del autoritarismo y la frivolidad. Sólo ver las fotografías de sus viejos dirigentes, para ver que en nada, a pesar de los discursos, ha cambiado. Son los mismos de siempre.
El 80% de los ciudadanos rechaza a ese partido y en la misma proporción al presidente Peña Nieto que es, como se utiliza en el lenguaje de ese partido, el primero de los priistas. El PRI es el partido con los mayores negativos y por el que nunca votaría la gran mayoría de los mexicanos. Sus aliados nada suman al partido líder de esta alianza.
Margarita Zavala es la única de los candidatos independientes que logró el registro. En la historia del país es la primera vez que un independiente compite por la presidencia de la República. Ella rompe con el PAN, pero reivindica su larga trayectoria en ese partido. Se propone como una candidata ciudadana que impulsa un proyecto de gobierno con base en los valores.
04 DE ABRIL 2018
En la segunda vuelta electoral, celebrada el pasado domingo 1 de abril, gana la presidencia de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada (38), del Partido Acción Ciudadana (PAC), que competía contra el pastor evangélico Fabricio Alvarado Muñoz (43), del Partido Restauración Nacional (PRN). Al día de la elección, llegaron en empate técnico con 43% cada uno, según la encuesta de la Universidad de Costa Rica.
La mayoría de los electores, 60.6%, optó por evitar la llegada de un gobierno religioso fundamentalista, que es el que proponía el pastor Alvarado Muñoz, y para eso decidió elegir al que fuera ministro del sector social del gobierno anterior, Alvarado Quesada. El mandato es para 2018-2022 y por el mismo tiempo van a estar los integrantes de la Asamblea Legislativa.
Lo excepcional de esta elección, para Costa Rica y América Latina, fue que el tema de la religión marcó la campaña a lo largo de toda la contienda. El discurso religioso del pastor y periodista Alvarado Muñoz y de otros pastores que lo apoyaron estuvo siempre presente y eso obligó al otro contendiente a meterse al tema, aunque de manera indirecta.
En la primera vuelta, el 4 de febrero, ninguno de los candidatos consiguió más de 40% de los votos que es la cantidad que exige la ley electoral para ganar. Los que más votos alcanzaron, desplazando a los partidos históricos, fueron el PRN, con el pastor y cantante Alvarado Muñoz, que obtuvo 24.8% de los votos y el PAC, con el periodista y politólogo Alvarado Quesada, 21.6 por ciento.
El discurso del último, graduado en la Universidad de Essex, se ubicó en el centro izquierda. El del pastor, diputado desde el 2014, fue muy conservador y tuvo como ejes centrales: la condena al aborto, a los gays y lesbianas, al matrimonio igualitario y a la educación sexual en las escuelas.
Después de la primera vuelta, el pasado 4 de febrero, el pastor pentecostal Ronny Chávez Jr, mentor de Alvarado Muñoz, dijo en la predicación dominical: “Estamos en guerra, estamos a la ofensiva. Ya no a la defensiva. La iglesia por mucho tiempo ha estado metida en una cueva esperando ver qué hace el enemigo, pero hoy está a la ofensiva, entendiendo que es tiempo de conquistar el territorio, tiempo de tomar posición de los lugares del gobierno, de la educación y de la economía”.
La sociedad costarricense se pronunció, de manera clara, en contra del proyecto evangélico fundamentalista que proponen los pastores Alvarado Muñoz y Chávez. En México, el partido evangélico que sostiene las mismas posiciones que el PRN, partido de los pastores, el Partido Encuentro Social está en la boleta electoral en alianza con Morena y el PT. ¿Los electores mexicanos van a votar por un partido religioso que sostiene posiciones francamente reaccionarias?
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20/02/2018
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