La política social del presidente 06 DE JULIO 2020
Para el presidente López Obrador y su gobierno la política social consiste, no hay más, en la implementación de programas clientelares con una clara intención electoral.
En los primeros meses de su gobierno, en el marco de esa estrategia, suspende programas sociales institucionales, algunos considerados como ejemplos a nivel mundial, para sustituirlos por la entrega de dinero a los beneficiarios sin ninguna acción corresponsable de parte de éstos.
Los programas institucionales, ejecutados por el Estado, no por una persona o un gobierno en lo particular, desde la óptica del presidente no tienen ninguna rentabilidad electoral. Esa es la lógica y el fundamento de su política social. Si los programas no abonan a ese propósito hay que eliminarlos.
La meta es que para 2021, antes de la elección, de los 34 millones de hogares que tiene el país a 25 millones llegue alguno de los programas sociales que impulsa el gobierno. Así al 70% de las familias recibiría uno o más de los recursos que entrega el gobierno a mover del presidente.
Estos programas, sin que se conozcan los padrones de usuarios, que permanecen en secreto, se manejan directamente desde presidencia y están a cargo de Daniel García Hernández, un funcionario muy discreto que opera en el mayor de los silencios.
Para eso cuenta con una estructura silenciosa que incluye a 32 superdelegados, uno en cada estado, y 266 subdelegados que corresponden a los 300 distritos electorales en los que está dividido el país.
Ese esfuerzo, con fondos públicos, se propone construir la base social y electoral de Morena. El supuesto es que, si las personas reciben una dádiva a nombre del presidente, éstos en las elecciones votarán por quien éste les diga. Habrá que ver.
Antes de la pandemia entre los especialistas había consenso que con estos programas se podía seguir reduciendo la pobreza extrema, pero no los niveles de pobreza que incluso podrían crecer.
Después de la pandemia es muy claro, en eso coinciden organismos internacionales y nacionales, que el número de los pobres aumentará entre 10 y 12 millones a los que ya existen. La mitad en pobreza extrema y la otra en pobreza.
Tal como están diseñados los programas sociales del presidente López Obrador no contribuyen a resolver los problemas estructurales de la pobreza. No son de desarrollo sino de asistencia social con propósito electoral.
La nueva política social se propone desmantelar las políticas de Estado y sustituirlas por estructuras clientelares que obedecen al proyecto político personal del presidente López Obrador.
Los actuales funcionarios públicos que conocen del tema no están de acuerdo con esta política y saben de sus efectos sobre los niveles de pobreza, pero no se atreven a denunciarlo. La realidad terminará por imponerse.
Recomiendo lectura
03 DE JULIO 2020
El Diccionario de la Lengua Española define crisis como “una situación mala o difícil” que provoca efectos sobre las personas o instituciones que la viven. Si se maneja mal, el impacto puede ser demoledor; pero si se hace bien es una oportunidad para fortalecer a la persona o la institución que la padece.
La única manera de sortear bien una crisis es estar preparado para cuando ocurra, porque ésta es inherente a toda acción. Propongo los siguientes diez puntos para enfrentar una crisis. Cuatro son previos a que ocurra y seis cuando se hace presente. Los puntos son:
1) Mapa de riesgos. Se debe hacer un mapa de los riesgos que se puedan presentar en las distintas áreas de actividad de la organización. Estos cierran los espacios a la incertidumbre y permite estar mejor preparado.
2) Protocolos, para reaccionar. Un protocolo son reglas que guían la manera como debe realizarse una actividad. Son pautas del comportamiento a seguir, para realizar una acción o resolver un problema. Puede haber protocolos generales, pero es mejor tenerlos por temas particulares.
3) Grupo de situación. Debe contarse con grupos de situación previamente nombrados, para hacer frente, de manera inmediata y de acuerdo a protocolos específicos, a las crisis que se puedan presentar.
4) Portavoz. Cada grupo de situación debe tener un único portavoz y sólo él hablar del tema. La persona que ejerza esta función requiere tener características particulares como saber comunicarse en público, generar empatía y conocer del tema.
5) Transparencia en la información. El portavoz es fuente de información, explicación, orientación y la cara visible de la organización. En el ejercicio de esa tarea siempre, no hay excepciones, se debe ser transparente.
6) Decir la verdad. La organización a través de su portavoz siempre debe decir la verdad. En una crisis, la verdad es lo que cuesta menos y la mentira más.
7) Nunca contestar lo que no se sabe. El portavoz siempre debe estar preparado para enfrentar las preguntas más difíciles de parte de los periodistas. No contesta lo que no sabe.
8) Nunca adelantar escenarios o compromisos. El portavoz debe ofrecer información, explicación y orientación precisa, pero no comprometer escenarios o hacer compromisos puntuales.
9) Nunca confrontarse con los medios. La organización debe buscar el apoyo de los medios y tratar de hacerlos aliados en el respeto irrestricto a la libertad de expresión. Confrontarse con los medios siempre resulta costoso.
10) Nunca confrontarse con la sociedad. En una crisis, sobre todo de carácter social, para hacerle frente es necesario el apoyo de toda la sociedad. El papel de la organización es invitar a la unidad y la acción colectiva.
Estos puntos ofrecen una guía para hacer frente a las crisis. La práctica me ha demostrado que cuando se está preparado, la capacidad de reacción se hace evidente ante las dificultades inherentes a toda crisis. (Una versión amplia se encuentra en “10 puntos, para enfrentar una crisis”, Nexos digital, 10 de junio de 2020)
01 DE JULIO 2020
Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) están desconcertadas y no saben qué hacer ante los ataques y descalificaciones constantes del presidente. Ahora se asume en condición “resistencia”.
Es un momento que exige, más que en ninguna otra época, actuar con inteligencia, mente fría y no confrontarse con el gobierno, pero cada vez que sea necesario sí tomar posición en defensa del sector y las organizaciones que lo integran.
Las OSC, las amenazas del actual gobierno, en particular del presidente, debe convertirlas en áreas de oportunidad, para fortalecerse y crecer. La nueva situación exige repensar el papel de las OSC como un actor del desarrollo económico y social.
La agresión de parte del gobierno abre un espacio privilegiado para dialogar y construir alianzas con otras organizaciones, universidades, empresas y medios de comunicación a nivel nacional e internacional.
Es un buen tiempo para escuchar a los ciudadanos dispuestos a participar, para hacer frente a los problemas que vive el país y solidarizarse con los sectores de la población más necesitados.
Se requiere, ahora más que nunca, visibilizar al sector de las OSC. Para eso hay que difundir con fuerza, en el marco de una estrategia, lo que éste hace y aporta al desarrollo del país. Y también dar a conocer los niveles de transparencia y rendición de cuentas con los que se manejan las OSC.
La sociedad civil en su conjunto y en particular las OSC deben actuar, en las áreas de su especialización, como contrapesos reales a la acción del gobierno. Sin entrar a la disputa política de poder. Es la lucha por las causas sociales en las que trabaja la sociedad civil organizada.
Los tiempos demandan que el sector de las OSC se pronuncie decididamente en coyunturas relevantes, para dar a conocer su posición frente a lo que ocurre en el país. De manera particular en lo que concierne a la defensa del trabajo que realizan las organizaciones.
La actitud del actual gobierno, sin ignorar las dificultades, abre espacios, para crear nuevas organizaciones que se hacen cargo de causas que ahora surgen o para desarrollar áreas de trabajo que las autoridades minimizan o desprecian.
Eso, a su vez, genera la posibilidad de incorporar al trabajo a ciudadanos, sobre todo jóvenes, que quieren participar en la construcción de lo público más allá de lo que hace el gobierno.
El sector de las OSC, y cada una en lo particular, debe asumir que el presidente no va a cambiar y que su gobierno no abrirá espacios de diálogo y acción concertada con las OSC apartidistas, autónomas e independientes. Eso son los nuevos tiempos y en ellos hay que actuar.
Recomiendo cine
30 DE JUNIO 2020
La popularidad del presidente va a la baja y en la semana del 21 al 26 de junio obtiene los peores números en la que va de su sexenio, según el tracking diario de Consulta Mitofsky.
Las causas son la reacción ciudadana al manejo que el presidente y su gobierno han hecho de la pandemia que va al alza en el número de los casos positivos, más de 220,000, y de las muertes que ya son más de 27,000.
Y la presente crisis económica que se traduce en millones de desempleados, en millones de familias que no están recibiendo ingresos y en el aumento dramático de los niveles de pobreza. A esto se añade que crece la violencia, que se agudiza en algunas zonas del país.
En la baja de la valoración positiva del presidente también están los actos de corrupción de altos funcionarios del gobierno y de Morena, y conflictos al interior de ese partido que se han hecho públicos.
Para la encuestadora no se ven signos claros de que el presidente se pueda recuperar en el corto plazo y más bien la crisis económica, que se va a agravar, lo puede afectar todavía más. En los siguientes días también puede golpear la imagen del mandatario su visita al presidente Donald Trump.
Hace un mes el presidente tenía 51.3 % de acuerdo a su gestión y el 47.9 % de desacuerdo. Todavía la opinión positiva era mayor que la negativa.
A mediados de junio los términos se invierten y el desacuerdo es del 50.5 % contra un acuerdo de 48.7 %. A partir de entonces la caída se ha mantenido, aunque de manera lenta.
Para el domingo 21 de junio el desacuerdo era del 52.8 % y el acuerdo de 46.8 % y el lunes 22 de junio el desacuerdo sube al 53.1 % y el acuerdo cae al 46.6 %.
El martes 23 de junio la caída es más pronunciada y el desacuerdo es del 53.8 % y el acuerdo del 46.0 %, el número de aprobación más bajo del sexenio. El miércoles 24 de junio el descuerdo es del 53.5 % y al acuerdo del 46.1 %.
Los números se mantienen y el jueves 25 de junio el desacuerdo es del 53.8 % y el acuerdo del 46.0 %. El viernes 26 de junio el desacuerdo es del 53.4 % y el acuerdo del 46.2 %.
En estos seis días los niveles de desacuerdo se mantienen entre el 53.8 % y el 53.1% y el acuerdo entre el 46.6 % y el 46.0 %. Ya son tres semanas donde el desacuerdo es mayor que el acuerdo. Todo indica que la caída seguirá de manera lenta, pero sostenida.
29 DE JUNIO 2020
El presidente tiene un esquema conceptual de los años setenta, se identifica con el presidente Luis Echeverría (1970-1976). Esa época dejó de ser, pero la continúa habitando. Es un populista-estatista.
Sabe que no puede prescindir del sector privado, pero en su mundo ideal no debería existir. Lo califica de corrupto, de enriquecerse y de enemigo de la patria. Es un mal que se debe soportar porque no hay de otra.
La economía, por lo menos en lo que él considera son las áreas estratégicas, debe estar sólo en manos del sector público al que define de honesto, desinteresado y patriótico.
En su proyecto está desplazar al sector privado y darle mayor protagonismo al sector público en áreas estratégicas como la producción de los energéticos fósiles altamente contaminantes.
En sus decisiones económicas nunca considera los efectos colaterales que éstas provocan y el daño que producen en múltiples ámbitos, entre ellos la desconfianza del sector privado, que aporta 85 % del total de la inversión.
Los empresarios, nacionales e internacionales, no van a arriesgar su capital mientras no tengan garantías. Desconfían del compromiso del presidente. Han experimentado que no cumple lo acordado y cambia de parecer.
Si se mantiene la actual política económica no habrá crecimiento. Existen evidencias de que el proyecto se puede radicalizar y con ello afectar todavía más el desarrollo económico.
Al no crecer la economía no lo hace el empleo y eso impacta el bienestar de la población y se elevan los niveles de pobreza. Eso también afecta al desarrollo del sector privado en su conjunto. Se establece un círculo vicioso.
En el marco de su visión, comete un error grave con Pemex. El proyecto es tres años meterle dinero en el supuesto de que en los otros tres va a redituar grandes cantidades, para enriquecer las arcas públicas. El proyecto es inviable y va a terminar en un gran fracaso.
Los recursos del gobierno son escasos y no alcanzan para mantener su adecuado funcionamiento. A pesar de eso, se destinan grandes cantidades de recursos para financiar proyectos de infraestructura que no son rentables (refinería, tren maya, tren interoceánico ...).
El presidente insiste que en su gobierno no se subirán los impuestos y tampoco se recurrirá a la deuda. ¿De dónde van a salir los recursos para garantizar el buen financiamiento del gobierno, para el impulso de la infraestructura y del desarrollo?.
A lo anterior debe añadirse el impacto de la pandemia en la economía, que se ha agravado por el mal manejo que ha hecho el presidente. En el 2020 México será el quinto país del mundo en que la economía decrece más y el desempleo aumenta más.
El pronóstico es que la economía del país vivirá momentos muy difíciles en los años del sexenio del presidente (2018-2024). Los efectos serán devastadores para la mayoría de la población.
26 DE JUNIO 2020
El panfleto sobre el Bloque Opositor Amplio (BOA), redactado en Palacio Nacional y dado a conocer por el presidente en una de sus infames comparecencias mañaneras, refleja los miedos y preocupaciones del mandatario y su partido frente a la oposición.
Visualiza, desde su miedo, cuál pudiera ser la estrategia de sus adversarios políticos de cara a las elecciones del 2021 por la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas, casi 2,000 presidencias municipales y la composición de 30 congresos locales, pero también frente a la revocación de mandato en 2022.
Los objetivos que se proponen en el texto deben ser, si todavía no lo son, centrales para las fuerzas opositoras del país: desplazar a Morena de la mayoría de la Cámara de Diputados en el 2021 y revocar el mandato presidencial en el 2022.
En cualquier democracia la oposición trata, por la vía electoral, de ganar las elecciones. Para eso participa. El elector es quien decide y tiene la capacidad de renovar o quitar a quien ejerce el poder.
El masivo voto de rechazo al gobierno del presidente Peña Nieto y también al PAN, que antes había estado en la Presidencia, permitió que el candidato López Obrador y Morena ganaran las elecciones en el 2018. Por la vía del voto también pueden ser desplazados.
En versión del gobierno, sus flancos débiles que pueden ser aprovechados por la oposición son: La destrucción de la economía, el aumento de la pobreza, el aumento de desempleo, el crecimiento de la inseguridad, la destrucción de las instituciones democráticas y el autoritarismo político.
La posible agenda opositora propuesta por el panfleto señala, con objetividad, algunos de los puntos más débiles del actual gobierno que tiene como centro --sobre él gira todo-- al presidente, que en buena medida es quien genera, por su manera de gobernar, los problemas anteriores.
Se señala también que la oposición aprovecharía en su campaña criticar a Morena por sus problemas internos, el divisionismo, la rijosidad, pero sobre todo su incapacidad de gobernar. Análisis que también es cierto.
Según el documento redactado en Palacio Nacional, el núcleo central de la estrategia opositora es la unidad. Y en ese marco, acordar candidaturas únicas en los distritos electorales de mayor rentabilidad. Y esto a partir de la selección de candidatos de buen perfil y con reconocida fama pública.
La oposición, del panfleto presidencial, puede derivar cuáles son tres de los miedos del grupo en el poder: perder las elecciones a partir de la unidad de las fuerzas opositoras; que éstas presenten muy buenos candidatos; y que articulen una narrativa convincente a partir de los errores y fracasos del gobierno.
El propósito del presidente al dar a conocer el documento anónimo supuestamente redactado por el Bloque Opositor Amplio (BOA) era victimizarse y acusar, una vez más, de que se preparaba un complot en su contra. El texto es tan burdo y su autoría tan evidente, que no logró su objetivo.
24 DE JUNIO 2020
El 17 de junio en estas mismas páginas publiqué el artículo Gobierno de fracasos; una periodista amiga, que desde Caracas reportó los años del chavismo, y ahora cubre América Latina para medios de lengua alemana, me comenta que una parte de esos fracasos, para la sociedad y la vida democrática del país, el presidente los considera un éxito.
De manera textual recojo su comentario de los éxitos del presidente:
• Éxito en desmantelar instituciones independientes que le puedan hacer contrapeso.
• Éxito en construir una base de gente que depende directamente de sus dádivas y no de la economía formal que está en retroceso gracias al Covid-19.
• Éxito en polarizar la sociedad y construirse como víctimas de conspiraciones.
• Éxito en popularidad; hoy si hubiera elecciones volvería a ganar.
• Éxito parcial en cooptar sectores económicos, políticos y sociales.
A la reflexión de mi amiga y en el marco del proyecto político que el presidente se propone restaurar, el viejo régimen del presidencialismo autoritario, añado:
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad de que éste es un gobierno incorruptible cuando está lleno de corruptos probados.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que privilegiar el uso de las energías fósiles es mejor que el uso de las energías alternativas.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que la protección del medio ambiente es irrelevante. Es un proyecto de los conservadores.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que se reduce la pobreza cuando ésta ha aumentado en forma dramática.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que se reduce la violencia cuando ésta ha aumentado y es la más alta en la historia moderna del país.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que no importa el crecimiento de la economía, que eso no influye en la condición de las personas.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que no importa se pierdan los empleos, porque para eso existen los programas sociales.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que él está por arriba de la Constitución y de las leyes y que eso está bien.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que el respeto a los derechos humanos no es tan importante como se dice.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que la misoginia es un valor y no algo que se debe combatir hasta erradicar.
• Éxito en hacer creer a la sociedad que la mentira es la verdad.
• Éxito en hacer creer a un sector de la sociedad que él es su mesías salvador cuando el país se desmorona en todos los frentes.
Mi amiga también me señala: “El que está viendo la película por segunda vez tiene la mirada más aguda”, al hacer referencia a su experiencia anterior en Venezuela. Y añade que, “la oposición hasta ahora ha fracasado en construir una alternativa atractiva y competitiva social y electoralmente”. Lograrlo pasa por hacer ver a la sociedad que los éxitos del presidente minan la democracia y alejan la posibilidad de construir una vida más digna y justa para todos.
23 DE JUNIO 2020
En tiempos de la pandemia, para el 62 % de la ciudadanía el presidente les inspira desconfianza y para el 34 % confianza, según encuesta del periódico Reforma levantada entre el 16 y 18 de junio.
Influye en esa percepción que en mayo el 50 % de la ciudadanía aprobaba el manejo del presidente en la pandemia y para mediados de junio ya solo es el 33 %.
Y también que mientras el presidente afirma que la curva de la epidemia se aplanó, el 74 % piensa que ésta sigue a la alza y solo el 18 % que va en descenso.
A la pregunta si se debe creer más al subsecretario de salud que dice se deben seguir tomando medidas de precaución y aislamiento o al presidente que dice se debe perder el miedo y salir a la calle, el 58 % le cree más al subsecretario, el 15 % al presidente, el 14 % a ambos y el 11 % a ninguno.
La ciudadanía, con todo, duda de la información que proporciona el subsecretario de salud. El 54 % piensa que el número que da sobre contagios está equivocado y el 37 % que es acertado; el 57 % que el número de muertos está equivocado y el 20 % acertado, y el 58 % que las fechas del pico de la pandemia están equivocadas y el 28 % que son acertadas.
A eso se añade que el 74 % de los encuestados considera que es probable que haya un rebote de contagios que obligue a cerrar una vez más las actividades.
Los encuestados piensan que ante la pandemia el gobierno de México ha actuado mejor que Estados Unidos y Brasil, pero peor que China, Francia y Alemania.
Para mediados de junio ya son más los encuestados que frente al COVID-19 le cree más al gobernador (34 %), que al presidente (31 %). Al inicio del mes le creían más al presidente (31 %) que al gobernador (24 %).
Al inicio del mes de junio el 33 % no le creía a ninguno, pero a mediados del mes ya sólo es el 23 %. Esto porque crece el nivel de credibilidad de los gobernadores.
La explicación de estos datos son dos: una política de salud confusa y ambigua y una estrategia de comunicación errática y contradictoria de parte del gobierno federal.
Ante esa realidad una quincena de gobernadores han tomado decisiones contrarias a las propuestas por el gobierno federal, para responder a la problemática. Eso provoca suban sus niveles de credibilidad.
22 DE JUNIO 2020
El presidente plantea que no encabeza un proyecto de gobierno, sino de poder. Asume que dirige una transformación (4T), que implica un cambio de régimen político. Esto en el marco de una concepción estatista-populista y por lo mismo antidemocrática.
Su proyecto político implica: La regresión al presidencialismo imperial que concentra los tres poderes en una sola persona; la restauración del Partido de Estado (Morena) y la restauración de la República Central de facto que violenta el Pacto Federal.
No se asume como el mandatario de todas las y los mexicanos sino de una parte de los mismos. En su versión, la sociedad se divide entre buenos (70%) y malos (30%). Siempre polariza y divide.
Desconfía de las instituciones y en las personas que no controla. No hay excepciones. Cuestiona, desde su particular mirada, la vigencia del Estado de Derecho y las leyes. En diversas ocasiones ha expresado que no se debe respetar la ley. Él, por lo que considera un bien mayor puede violar la ley.
No admite ningún tipo de acotamiento y contrapeso al poder presidencial. Así, no tienen lugar los órganos autónomos del Estado y se ha propuesto destruirlos. Tampoco tienen lugar las organizaciones de la sociedad civil. No admite tampoco la vigilancia y la evaluación de su gestión por órganos autónomos.
El presidente ha involucrado al Ejército en el mundo de los negocios. Es una decisión con implicaciones muy peligrosas. Hay un uso discrecional de las instituciones del Estado, para golpear a sus enemigos (FGR, SAT, UIF...). Existe un ataque sistemático a la prensa que violenta la libertad de expresión. Los medios que no lo aplauden son sus enemigos.
Se han ido o se les ha corrido a miles de cuadros capaces. Es la administración más centralizada de la historia moderna del país. La política exterior no le interesa, tampoco la entiende, esa tarea se la delegó al canciller Ebrard. Tiene un enorme miedo a Trump y está dispuesto a concederle todo como ya se ha visto.
Al interior de Morena, también del gobierno, hay dos grupos: Los del nacionalismo revolucionario del viejo PRI, que incluye al presidente, que son los más, y los simpatizantes de Cuba y Venezuela, los menos. El presidente, cuando las cosas se complican o no salen como él quiere, en lugar de rectificar se radicaliza y va hacia adelante haciendo todavía más grave el problema. Se afilia, entonces, al segundo grupo.
La concepción política del presidente y el proyecto político que se deriva de la misma implican una regresión a los viejos tiempos del autoritarismo priista en versión radicalizada. Es un retroceso de las conquistas democráticas que la sociedad ha logrado en los últimos 40 años. Sólo el electorado puede impedir que siga el desmantelamiento del Estado de Derecho.
W Radio
20/02/2018
En Buena Onda con Paulina Greenham
Net Noticias
27/05/2020
DIPLOMADO EN COMUNICACION
Caricaturas